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La conferencia de Bryan Stevenson en TED

Como en alguna ocasión que otra ya he comentado, una de mis pasiones (más o menos ocultas) es la de disfrutar de las conferencias TED.

En esta ocasión no tengo más remedio que hablar sobre la que hace unas pocas semanas ofreció Bryan Stevenson titulada “We need to talk about an injustice” (Tenemos que hablar de una injusticia). Bryan es profesor de la Universidad de Nueva York de Derecho y abogado, pero es más conocido por su faceta en su lucha contra la desigualdad hacia la gente pobre y de color.

En su espléndido discurso, el señor Stevenson, va narrando en primera persona todo tipo de acontecimientos que le han ido ocurriendo durante toda su vida (desde los tres primeros consejos que le da su abuela, hasta la lucha que mantiene a diário por una sociedad equitativa con los más desfavorecidos).

Es una de las mejores charlas que he tenido el placer de disfrutar, y desde aquí, quiero dar las gracias a todos los componentes de TED que hacen posible que sus ideas realmente sean difundidas y accesibles por todo el mundo.

A continuación, os dejo con la charla de Bryan Stevenson, a día de hoy, sólo contiene subtítulos en inglés. La traducción, realizada por mí, podéis verla bajo el video. Espero que disfrutéis de la charla y perdonad por los fallos que veáis 😉

‘Keep your eyes on the prize, and hold on.‘



 

Es un gran y extraordinario honor para mí. He pasado la mayor parte de mi vida en cárceles, prisiones, en el corredor de la muerte… He pasado la mayor parte de mi vida en comunidades muy humildes, en proyectos y sitios donde hay una gran sensación de desesperanza. Y estando aquí en TED y viendo la estimulación, escuchándola, ha sido muy energizante para mí. Y una de las cosas que está emergiendo en el poco tiempo que estoy aquí, es que TED tiene una identidad. Y como realmente, puedes decir cosas que tienen impacto en la vida real. Y como en algunas ocasiones cuando viene a través de TED, tiene un significado y poder que no se tiene cuando no se hace.

Y menciono eso porque creo que la identidad es realmente importante. Hemos visto algunas presentaciones fantásticas. Y creo que lo que hemos aprendido es que, si eres un profesor, tus palabras pueden ser significativas, pero si eres un profesor compasivo, las palabras pueden ser especialmente significativas. Si eres un doctor, puedes hacer algunas cosas buenas, pero si eres un doctor que se preocupa, puedes hacer otras cosas más. Y esto es sobre lo que quiero hablar, el poder de la identidad. Y no aprendí esto realmente siendo abogado y haciendo el trabajo que hago. Realmente lo aprendí gracias a mi abuela.

Crecí en una tradicional casa Afroamericana en la que estaba dominada por una matriarca, y esa matriarca era mi abuela. Era dura, era fuerte, era poderosa. Tenía la palabra final en cada discusión. Era el principio de muchos de las discusiones en nuestra familia. Era la hija de gente que vivía esclavizada. Sus padres nacieron en la esclavitud en Virginia a mediados de 1840 y la experiencia de la esclavitud la inculcaron en gran medida la manera en que ella veía el mundo.

Y mi abuela era dura, pero también cariñosa. Cuando la veía cuando era un niño, venía a mí y me daba uno de esos abrazos. Y me apretaba tan fuerte que apenas podía respirar hasta que ella lo sentía y me dejaba ir. Y una o dos horas después, si la veía, vendría hacía mí y me diría: “¿Bryan, todavía sientes como te abrazo?” y si le decía “No,” me volvería a abrazar con fuerza, y si le decía “Si”, me dejaría en paz. Y esa era la cualidad que tenía ella y que tú querías tener siempre cerca. Y el único desafío era que tenía 10 hijos. Mi madre era la más joven, y a veces cuando iba y pasaba un tiempo con ella, se hacía difícil tener algo de tiempo y atención. Mis primos estarían correteando alrededor todo el tiempo.

Y recuerdo, cuando tenía ocho o nueve años, levantándome una mañana, yendo al comedor, y todos mis primos corriendo alrededor. Y mi abuela sentada mirándome fijamente. Y al principio creía que estábamos jugando a un juego. Y la miraría y sonreiría, pero estaba sería. Y después de 15 o 20 minutos, se levantó y atravesó toda la habitación para cogerme de la mano y decirme “Vamos, Bryan. Tú y yo vamos a tener una charla.” Y recuerdo esto como si me hubiera ocurrido ayer. Nunca lo olvidaré

Me agarró por detrás y me dijo: “Bryan, voy a decirte algo, pero no le digas a nadie que te lo he dicho.” Le dije “Okay, Mama (mote cariñoso hacía su abuela).” Ella dijo: “Ahora asegúrate que no harás eso.” Dije: “Claro.” Entonces me sentó y mientras me miraba me dijo: “Quiero que sepas que he estado observándote.” Y me dijo: “Creo que eres especial.” “Creo que puedes hacer cualquier cosa que quieras hacer.” Nunca lo olvidaré

Y entonces me dijo: “Sólo necesito que me prometas tres cosas, Bryan.” Dije: “Okay, Mama.” Me dijo: “La primera cosa que quiero que me prometas es que siempre amarás a tu madre.” “Es mi pequeña, y tienes que prometerme ahora que siempre cuidarás de ella”. Bueno, adoré a mi madre, así que dije “Si, Mama. Lo haré.” Entonces dijo: “La segunda cosa que quiero que prometas es que siempre harás lo correcto incluso cuando lo correcto sea difícil de hacer.” Y pensé sobre eso y dije “Si, Mama. Lo haré.” Entonces, finalmente dijo: “La tercera cosa que quiero que me prometas es que nunca beberás alcohol.” (Risas) Bueno, tenía nueve años, así que dije “Si, Mama. Haré eso.”

Me crié en las zonas rurales del sur del país, y tengo un hermano de un año mayor que yo y una hermana un año más joven. Cuando tenía 14 o 15, un día mi hermano vino a casa con un pack de seis latas de cerveza — No sé dónde las consiguió — y nos dio una a mí y otra a mi hermana y nos fuimos al bosque. Y estábamos apunto de hacer alguna que otra locura. Y le dio un sorbo a una cerveza y le dio un poco a mi hermana, y luego mi hermana me ofreció un poco a mí. Dije “No, no, no. Está bien. Todo para vosotros. No voy a beber.” Mi hermano dijo: “Venga, estamos haciendo esto hoy; siempre haces lo que hacemos. He tomado un poco, y tu hermana también. Toma un poco de cerveza.” Dije: No, no creo que esté bien, todo para vosotros, adelante”. Y entonces mi hermano empezó a mirarme. Dijo: “¿Qué ocurre contigo? Toma un poco de cerveza.” Entonces me miró fijamente y dijo: “Oh, espero que no sigas todavía con esa conversación que tuvo Mama contigo.” (Risas) Dije: “¿Cómo? ¿De qué estás hablando?” Y me dijo: “Oh, Mama le dice a todos sus nietos que son especiales.” (Risas) Estaba devastado.

(Risas)

Y voy a admitiros algo. Voy a contaros algo que probablemente no debería. Sé que pronto esto será transmitido, pero tengo 52 años, y voy a admitir que nunca he tomado una gota de alcohol. (Aplausos). No digo esto porque crea que sea virtuoso; Digo esto porque hay poder en la identidad. Cuando creamos el tipo adecuado de identidad, podemos decir cosas alrededor de todo el mundo que realmente ellos no crean que tengan sentido. Podemos convencerlos a que hagan cosas que ellos crean que no pueden hacer. Cuando pienso en mi abuela, claro que ella pensaba que todos sus nietos eran especiales. Mi abuelo estaba en prisión durante la prohibición. Mis tíos murieron a causas de enfermedades relacionadas con el alcohol. Y esas eran las cosas que ella pensaba que teníamos que comprometernos.

Bueno, he estado intentando decir algo sobre nuestro sistema judicial criminal. Este país es muy diferente hoy de lo que era hace 40 años. En 1972, habían 300.000 personas en cárceles y prisiones. Hoy, hay 2.3 millones. Los Estados Unidos tiene ahora el mayor porcentaje de encarcelación en el mundo. Tenemos siete millones de personas en libertad condicional. Y una encarcelación masiva, a mi juicio, ha cambiado fundamentalmente nuestro mundo. En las comunidades pobres, en las comunidades de color hay desesperación, hay una desesperanza que está siendo moldeado por estos resultados. Uno de cada tres hombres negros entre los 18 y los 30 está en la cárcel, en prisión o en libertad condicional. En las comunidades urbanas a lo largo de todo el país — Los Ángeles, Filadelfia, Baltimore, Washington — el 50 o 60% de todos los jóvenes de color están en la cárcel, en prisión o en libertad condicional.

Nuestro sistema no sólo se está formando de esta manera que parece que está distorsionado alrededor de la raza, sino que también en la pobreza. Tenemos un sistema de justicia en este país que trata mucho mejor si eres rico y culpable que si eres pobre e inocente. Riqueza, no culpabilidad, son los resultados de estas formas. Y todavía nos parece que son muy cómodas. Las políticas del miedo y enfado nos han hecho creer que esos son problemas que no son nuestros problemas. Hemos estado desconectados.

Es interesante para mí. Estamos mirando muchos desarrollos interesantes en nuestro trabajo. En mi Estado, Alabama, como un gran número de Estados, de hecho, privan del derecho al voto si eres un criminal convicto. Ahora mismo en Alabama el 34% de la populación de hombres negros ha perdido permanentemente el derecho a votar. Estamos proyectando actualmente en otros 10 años el nivel de privación de derechos que serán tan alto como ha sido desde antes de la aprobación de la Ley de Derechos Electorales. Y ahí es donde el silencio impresiona.

Represento niños. Muchos de mis clientes son muy jóvenes. Los Estados Unidos es el único país de mundo donde sentenciamos a niños de 13 años a que mueran en prisión. Tenemos cadena perpetua sin libertad condicional para los niños de este país. Y en realidad estamos haciendo un litigio. El único país del mundo.
Represento a personas en el corredor de la muerte. Es interesante la cuestión de la pena de muerte. De muchas maneras, hemos estado enseñando a pensar que la cuestión real es que, ¿la gente merece morir por los crímenes que han cometido? Y esa es una cuestión muy razonable. Pero hay otro modo de pensar sobre donde estamos con nuestra identidad. El otro modo de pensar sobre eso es otra, la gente merece morir por los crímenes que cometen, pero ¿merecen morir? Me refiero a que eso es fascinante.

La pena de muerte en América está definida por error. Por cada nueve personas que han sido ejecutadas, hemos identificado un inocente que ha sido exonerado y liberado del corredor de la muerte. Una especie de tasa de error asombroso – uno de cada nueve personas es inocente. Quiero decir, es fascinante. En aviación, nunca dejaríamos a la gente dejar volar en aviones si por cada nueve aviones que salen uno se estrellaría. Pero de algún modo, podemos aislarnos de este problema. No es nuestro problema. No es nuestra carga. No es nuestra lucha.

Hablo sobre estos asuntos. Hablo sobre el racismo y esta cuestión de si merecemos matar. Y es interesante, cuando enseño a mis estudiantes sobre Historia Afroamericana, les cuento cosas sobre la esclavitud. Les cuento cosas sobre el terrorismo, la era que empezó la reconstrucción después de la Segunda Guerra Mundial. No sabemos mucho sobre eso. Pero para los Afroamericanos de este país, esa fue una era definida por el terror. En muchas comunidades, la gente tenía que preocuparse por no ser linchada. Tenían que preocuparse por no ser bombardeada. Fue una amenaza de terror que moldeó sus vidas. Y esa gente mayor vienen ahora a mí y me dicen cosas como “Mr. Stevenson, usted da charlas, conferencias, le dice a la gente que paren de decir que estamos tratando con el terrorismo por primera vez en nuestra nación tras el 11 de Septiembre.” Ellos me dicen entonces “No, diles que crecimos con eso.” Y entonces esa era del terrorismo, por supuesto, fue seguida por la segregación de décadas de subordinación racial y apartheid.

Y todavía, tenemos en este país la dinámica donde realmente no nos gusta hablar sobre nuestros problemas. No nos gusta hablar sobre nuestra historia. Y por eso, no hemos entendido realmente cual es el significado de hacer las cosas que hemos hecho históricamente. Hemos estado constantemente corriendo uno con el otro. Hemos estado constantemente creando tensiones y conflictos. Hemos tenido un periodo difícil hablando sobre racismo, y creo que es porque no estamos dispuestos a comprometernos en un proceso de verdad y reconciliación. En Sudáfrica, la gente entendió que no podía superar el apartheid sin un compromiso con la verdad y la reconciliación. En Ruanda, incluso después del genocidio, hubo esa reconciliación, pero en este país no lo hemos hecho.

Estaba dando varias conferencias en Alemania sobre la pena de muerte. Era fascinante porque uno de los alumnos vino tras la presentación y me dijo: “Sabes que es un problema profundo escuchar sobre lo que estás hablando.” “No tenemos la pena de muerte en Alemania, y claro, no podemos pensar en tener la pena de muerte en Alemania.” Y la sala estuvo durante unos segundos en silencio, y entonces esta mujer dijo “No hay manera, con nuestra historia, jamás podríamos abordar el tema de matar sistemáticamente de seres humanos. Seria irrazonable para nosotros, en un modo intencional y deliberado, dedicarnos a ejecutar personas.” Y me hizo pensar sobre eso. ¿Cómo te sentirías viviendo en un mundo donde una nación como Alemania estuviese ejecutando a la gente, especialmente si fueses judío? No podría hacer frente a eso. Sería irrazonable.

Y todavía, en este país, en los estados de Old South, ejecutamos a personas – donde tienes 11 veces más de probabilidades a tener la pena de muerte si la victima es blanca que si la victima es negra, 22 veces más de probabilidades de tener la pena de muerte si el defensor es negro y la victima es blanca – en los mismos Estados donde hay enterrados en el suelo los cuerpos de gente que fue linchada. Y todavía, tenemos esta desconexión.

Bien, creo que nuestra identidad está en riesgo. Que cuando en realidad no nos preocupamos sobre estas cosas difíciles, las cosas positivas y maravillosas, están sin embargo, implicadas. Amamos la innovación. Amamos la tecnología. Amamos la creatividad. Amamos el entretenimiento. Pero últimamente, esas realidades están a la sombra del sufrimiento, del abuso, de la degradación, de la marginación. Y para mí, eso se convierte necesariamente, se hace necesario para integrar los dos. Porque últimamente estamos hablando sobre una necesidad de ser más optimista, más comprometido, más dedicado a los desafíos que tenemos por vivir en un mundo complejo. Y para mí eso significa gastar tiempo pensando y hablando sobre la pobreza, las desventajas de aquellos que no tienen la oportunidad de ver una conferencia TED. Pero pensando sobre ellos de un mundo que está integrado en nuestras vidas.

Ultimamente, todos creemos en cosas que no hemos visto. Lo hacemos. Como racionales que somos, como tan comprometidos con el intelecto que somos. Innovación, creatividad, desarrollo… no solo vienen desde las ideas que tenemos en nuestra mente a solas. Vienen desde las ideas que tenemos en mente que también son alimentadas por alguna convicción en nuestro corazón. Y es que la conexión mente-corazón que tenemos no nos obliga sólo a estar más atentos a todas las cosas brillantes, sino que también a las oscuras y difíciles. Vaclav Havel, el gran líder checo, habló sobre esto. Dijo, “Cuando estábamos en Europa del Este y tratando con la opresión, todos queríamos toda clase de cosas, pero lo que más queríamos y necesitábamos era esperanza, una orientación del espíritu, una voluntad de ser que a veces tendríamos en lugares sin esperanza y ser un testigo de ello.

Esa orientación del espíritu está mucho más en el centro de lo que creo, incluso la comunidad de TED ha estado comprometido con eso.  No hay desconexión alrededor de la tecnología y el diseño que nos permitirá ser completamente humanos hasta que prestemos atención al sufrimiento, la pobreza, la exclusión, la injusticia y la mentira. Ahora les voy a advertir que este tipo de identidad es mucho más difícil que los que no prestan atención a esto. Te pillará.
Tuve el gran privilegio, cuando era un joven abogado, de conocer a Rosa Parks. Solía venir a Montgomery de vez en cuando, y queda junto a dos de sus mejores amigos, , Johnnie Carr quien era la organizadora de boicotear a Montgomery bus – una increíble mujer Afroamericana – y Virginia Durr, una mujer blanca, cuyo marido, Clifford Durr, representaba Dr. King. Estas mujeres se reúnen juntas y solo hablan.

E incluso de vez en cuando la señora Carr me llamaba y me decía, “Bryan, la señora Parks viene a la ciudad. Vamos a reunirnos y hablar. ¿Quieres venir y escuchar?” Y le contestaba con un “Si, claro, lo haré.” Y ella me contestaba con “Bien, ¿qué vas a hacer cuando estés allí?” Y le dije “Voy a escuchar.” Y entonces iría allí y escucharía. Sería muy energizante y motivante.

Y una vez que acabé allí escuchando a esas mujeres hablar, y tras unas horas, la señora Parks se dio la vuelta y me dijo “Ahora Bryan, dime que es la iniciativa de igualdad en la justicia. Dime que estás intentando hacer.” Y empecé a rapearle, le dije “Bien, estamos intentando combatir la injusticia. Estamos intentando ayudar a la gente que han sido erróneamente convictas. Estamos tratando de enfrentarnos a los prejuicios y discriminación en la administración de la justicia penal. Estamos tratando de poner fin a las condenas de pena de muerte (cadena perpetua) para los niños. Estamos intentando hacer algo respecto a la pena de muerte. Estamos tratando de reducir la población encarcelada. Estamos tratando de poner fin a la encarcelación en masa”.

Le rapeé mi canción completa, y cuando terminé me miró y me dijo, “Mmm, mmm, mmm.” “Eso va a hacer que te canses, canses, canses.” (Risas) Y entonces la señora Carr se inclinó hacía delante, puso su dedo sobre mi cara y dijo, “Es por eso por lo que tienes que ser valiente, valiente, valiente.”

Y de hecho, creo que la comunidad TED necesita ser más valiente. Necesitamos encontrar modos para abrazar esos desafíos, esos problemas, el sufrimiento. Porque últimamente, nuestra humanidad depende de la humanidad de todos los demás. He aprendido cosas muy sencillas haciendo el trabajo que hago. Eso sólo me enseñó cosas muy sencillas. He venido a comprender y creer que cada uno de nosotros es más que la peor cosa que hemos hecho jamás. Creo que eso en cada persona del mundo. Creo que si alguien dice una mentira, no es sólo un mentiroso. Creo que si incluso alguien mata a alguien, no es sólo un asesino. Y debido a que no es esto, la dignidad humana básica debe ser respetada por la ley.

También creo eso en muchas zonas de este país, y ciertamente en muchos sitios del planeta, que lo opuesto a la pobreza no es la riqueza. No creo eso. Realmente creo, que en muchísimos sitios, lo opuesto a la pobreza es la justicia.

Y finalmente, creo que, a pesar del hecho que es muy dramático y precioso e inspirante y también muy estimulante, que al final no seremos juzgados por nuestra tecnología, no seremos juzgados por nuestro diseño, no seremos juzgados por nuestra inteligencia y razón. Al final, juzgas el carácter de una sociedad, no por como ellos tratan a sus ricos, poderosos y privilegiados, sino por como tratan a los pobres, condenados y encarcelados. Porque es un nexo que realmente comienza a entenderse con las cosas profundas de lo que somos.

A veces me salgo del balance. Terminaré con mi historia. A veces me exijo demasiado. Me canso, como todos. A veces esas ideas salen delante de nuestro pensamiento de modos que son importantes. Y he estado representando esos niños que han sido sentenciados a sentencias muy duras. Y voy a la cárcel y veo a mi cliente que tiene 13 o 14 años y ha sido tratado en el juzgado como un adulto. Empiezo a pensar… ¿Cómo pasó eso? ¿Cómo puede un juez que te convierta en algo que no eres? Y el juez lo ha tratado como un adulto, pero yo lo veo como a un chico.

Y ya era demasiado tarde cuando una noche empezaba a pensar, Dios mío, si el juez te puede convertir en algo que no eres, el juez debe de tener algún tipo de poder mágico. Si, Bryan, el juez tiene algo de poder mágico. Deberías pedir un poco de eso. Y porque era demasiado tarde, no estaba pensando realmente bien, empecé a trabajar en una moción. Y tuve un cliente que tenía 14 años, un joven, pobre y negro. Y empecé a trabajar en esta moción y la portada de la moción era: “Moción para intentar que un niño de 14 años, pobre y negro, sea como un privilegiado blanco con 75 años y ejecutivo de una empresa.

(Aplausos)

Y pongo en mi moción que hubo una mala conducta fiscal, conducta policial y conducta judicial. Había una línea en el que dice como es la conducta en este país, todo es mala conducta. Y a la mañana siguiente, me levanté y pensé si tuve un sueño con esa loca moción o si exactamente la escribí. Y para mi horror, no solo la había escrito, sino que la había enviado a la corte.

(Aplausos)

Pasaron un par de meses, y me había olvidado de todo eso, y decidí finalmente, oh Dios, tengo que ir a la corte y hacer este caso. Y me metí en mi coche y me sentí muy agobiado – abrumado. Y entré en mi coche y fui al juzgado. Y estaba pensando, esto va a ser demasiado difícil, penoso. Y finalmente salí del coche y empecé a caminar hacia el juzgado.

Y mientras estaba caminando por las escaleras del juzgado, vi a un hombre viejo y negro que era el conserje. Cuando me vio, vino hacía mí y me dijo “¿Quién eres?” Y le dije, “Soy el abogado.” Y me dijo, “¿Eres el abogado? Y le dije, “Si, señor.” Y este hombre se acercó y me abrazó. Y me suspiró al oído. Me dijo, “Estoy orgulloso de ti.” Y tengo que deciros que eso fue energizante. Conectó de un modo profundo conmigo y sobre mi identidad, sobre la capacidad de cada persona a contribuir a la comunidad, desde una perspectiva abierta a la esperanza.

Y bien, entré a la sala. Y tan pronto como caminé dentro, el juez me vio entrando. Dijo, “¿Señor Stevenson, escribiste esta moción?” Y dije, “Si, señor. Lo hice.” Y empezaron a discutir. Y la gente empezó a entrar porque estaban indignados. Había escrito esas cosas tan locas. Y los agentes de policía comenzaron a venir y también los asistentes del fiscal y los trabajadores del juzgado. Y antes de saberlo, la sala se llenó de gente furiosa que estaban hablando sobre racismo, pobreza y sobre desigualdades.

Y por el rabillo del ojo, pude ver como el conserje iba y venía. Y como seguía mirando por la ventana y podía escuchar todo el jaleo. Siguió yendo y viniendo. Por último, este hombre viejo y negro con una mirada preocupada vino y se sentó detrás de mí, casi en la mesa del consejo. Alrededor de 10 minutos más tarde el juez dijo que tomaríamos un descanso. Y durante el descanso, había un ayudante del Sheriff que se sintió ofendido porque estuviera el conserje en la sala. Y el ayudante se levantó y corrió hacia el hombre viejo y negro y le dijo, “¿Jimmy, que estás haciendo en esta sala?” y este hombre viejo y negro se levantó y miró al diputado y a mí y dijo: “Vine a la sala del jurado a decirle a este hombre que esperara, que mantenga sus ojos en el premio.”

He venido a TED porque creo que muchos de ustedes entienden que el arco moral del universo es largo, pero que se dobla hacía la justicia. No podemos evolucionar completamente hasta que nos preocupemos de los derechos humanos básicos y de la dignidad. Que toda nuestra supervivencia está ligada a la supervivencia de todo el mundo. Que nuestras visiones de la tecnología y diseño y entretenimiento y creatividad tienen que casarse con nuestras visiones de humanidad, compasión y justicia. Y más que nada, para aquellos que comparten, que simplemente he venido a decirles que esperen, y mantengan sus ojos en el premio.

Muchas gracias a todos.

(Aplausos)

 

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